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El vínculo entre educación y empleo en tiempos de crisis

Publicado en 15 julio, 2015
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La crisis económica es el factor principal que hace posible la existencia de un desajuste entre la educación y el empleo, de hecho, el 60% de los universitarios piensa que el paso de la universidad al mundo del trabajo es costoso y demasiado grande. Los expertos, tanto de España como del extranjero, apuntan que actualmente es incompatible la educación y el empleo, especialmente por culpa de la realidad económica. Según estudios del Grupo Persona, existen más causas a esta crisis, especialmente aquellas relacionadas con la calidad de la educación y la cantidad de estudiantes pasivos.

Actualmente, cada año se reciben 220.000 licenciados en nuestro país, la gran mayoría de ellos obtienen su título a través de una formación excesivamente teórica que muchas veces no responde a las necesidades reales del mercado laboral y que por tanto, debe ser complementada con estudios posteriores para poder ser más rica.

Según datos recientes del Eurostat, el 54% de desempleo juvenil en España, demuestra que algo falla en nuestro mercado laboral. Por otro lado, a los directivos de las empresa se les hace difícil encontrar talentosas con espíritu emprendedor. Estas son las dos premisas que hacen visible el desajuste entre educación y empleo en España.

Los ejecutivos de Recursos Humanos suelen encontrarse con dificultades para encontrar talentos debido a la rigidez del tipo de estudio que se suele realizar, basado en fines extremadamente académicos y poco prácticos. También en el terreno de la educación existe el gravísimo problema del abandono escolar: 1 de cada 3 estudiantes abandona la universidad, esto hace un total de 540.000 personas que dejan la carrera, iniciando así un proceso de pasividad y falta de iniciativa que complica la búsqueda de salidas laborales. Por otro lado, la falta de desarrollo de inteligencia emocional empieza a ser uno de los principales motores de esta desvinculación entre educación y empleo, muchos estudiantes no saben cómo buscar trabajo, no han terminado de descubrir sus propios talentos y capacidades o se sienten inferiores en su individualidad. Esto también se hace notar en la proliferación de profesionales encargados de ayudar a estas personas, como se puede ver en el boom del coaching profesional con sus tantas especializaciones.

Normalmente las empresas se muestran más interesadas por personas con perfiles emprendedores, no sólo en el sentido de crear empresas sino también en la capacidad de iniciativa, flexibilidad y seguridad para enfrentar cambios y fracasos. Todo esto se puede denominar como una madurez personal y profesional que suele sentirse en falta en las entrevistas personales. Aquellos que saben gestionar sus emociones y se sienten seguros de si mismos suelen encontrar trabajo con mayor facilidad ya que cuentan con personalidades equilibradas y generan a su alrededor entornos proclives al éxito. Además, se considera que este tipo de profesionales admiten con mayor facilidad el compromiso, son más productivas y por tanto, ofrecen a las empresas un extra en competitividad.

 

Claves para mejorar

Es importante saber qué es lo que se está buscando en el mercado laboral. Los reclutadores, además de sentir interés por aquellas personas maduras que antes hemos perfilado, suelen preferir a aquellas que tienen un grado de especialización alto, dominio de idiomas y conocimientos técnicos muy actualizados. Además, es bien sabido que, viviendo en un mundo globalizado como el actual, se tenga predisposición a viajar tanto dentro como fuera del país. Otro punto importante para acercar más la educación al trabajo es el desarrollo transversal de técnicas de comunicación adecuadas. Sin duda con todo esto será mucho más corta la brecha entre la universidad y el trabajo.

Los expertos aseguran que es necesario que se adapte la formación a la empleabilidad. Es decir, conseguir que los estudiantes tengan habilidades de inteligencia emocional que les permita sentirse motivados, seguros y bien orientados. La clave es la revaloración de la actitud positiva y emprendedora de los jóvenes, alejados de la desidia que muchos viven en la actualidad y el pesimismo que acecha todos los sectores de la vida, incluida por supuesto, el trabajo.

La colaboración entre universidad y empresa es por tanto, una de las claves. Los planes de estudio, los convenios de prácticas y todas aquellas iniciativas por parte de ambos bandos se deben unir para favorecer la empleabilidad y mantener un vínculo fuerte y sostenido en el tiempo. Asimismo, la ampliación de la oferta educativa, bien pensada y estructurada de cara al mercado laboral, será en los próximos años una base sobre la que construir.

En el ámbito de la universidad, se deben fomenta actitudes emprendedoras y reducir la burocracia y permitir que los centros puedan elegir a sus alumnos. También se recomienda trabajar más en el cómo saber y para qué para aumentar la curiosidad de los alumnos. En el ámbito empresarial, en cambio, se recomienda promover la actitud ambiciosa en los sectores más jóvenes así como aumentar el reconocimiento de los logros de los trabajadores. Es importante también que las empresas se esfuercen por promocionar el talento mediante programas que se encarguen de aumentar la empleabilidad en la empresa.

El paradigma occidental

La economía occidental y en particular la estadounidense ha existido con un 5,5% de desempleo. Una tasa baja a la que hay que sumar el 7% de contratos parciales y los parados que ya no buscan trabajo. Lo mismo en Europa, aunque la productividad crece notablemente en el periodo entre 1979 y 1992, el empleo cayó un 15%. Si bien es cierto que el crecimiento de la movilidad entre países y la globalización económica ha traído al mundo occidental muchos beneficios, no se ha logrado mejorar notablemente en lo laboral.

Carnoy y otros economistas explican las elevadas tasas de desempleo relacionándolas a la ausencia de capital disponible (y por ende la falta de creación de empleo, como para poder dar abasto a la población activa). Esta situación sin duda se agrava con el bajo nivel de instrucción o de competencia de esta población. Por ello, la solución pasaría por extender la formación de capital e invertir en la educación. Efectivamente, este crecimiento del capital crearía más empleos y así, el incremento de la educación podría llevar a la población más adecuada y apta a obtener un trabajo.

Sin embargo, las dudas se hacen notorias cuando la educación es alta y aún así no se encuentra trabajo. Por tanto, haría falta, entre otras cosas, revisar qué está determinando el concepto de educación para entender dónde se puede estar fallando.

Durante los últimos años hemos asistido a la creciente precarización del empleo. Hemos podido ser testigos del aumento de las contrataciones temporales, la mayor rotación del empleo en todo tipo de empresas y sectores. El desempleo mismo ha hecho posible que se pierda el valor de cambio de las certificaciones y diplomas que, con tanto esfuerzo, muchos han logrado obtener. La escuela debe abandonar el antiguo modelo de silla y pizarra que ya no se adapta a la realidad actual y a las nuevas estructuras de las empresas. La educación debe basarse no solo en los resultados sino también en los procesos y especialmente, dar a los estudiantes la capacidad de gestión necesaria para salir adelante y adaptarse a entornos inestables como los actuales sin que esto les suponga un gran problema.

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